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Conectividad para la resiliencia, por Juan Pacheco Romaní

Conectividad para la resiliencia, por Juan Pacheco Romaní

El mundo cambió por la pandemia y la conectividad se volvió indispensable para casi todas las actividades que realizamos.

Los países que tienen una conectividad más desarrollada podrán mitigar mejor y rápidamente el impacto de esta pandemia.

Por citar algunos ejemplos: Corea del Sur y China usaron aplicaciones y tecnología 5G para hacer detección y seguimiento temprano a las personas con COVID-19.

En el Perú, las clases escolares y las universitarias migraron a la vía virtual, así como el trabajo pasó a remoto. En salud, requerimos promover la atención remota y entrega de medicinas a pacientes con distintas enfermedades para no congestionar los establecimientos de salud y evitar así los contagios. Programas como We Doctor o Farmacia Vecina son buenas muestras.

El uso del comercio electrónico en el Perú, según el Observatorio del Ecosistema Digital de la CAF, es el 1,9% para el 2020. El 34,2% de nuestras empresas usa la banca electrónica, un 15,2% utiliza Internet para adquirir insumos; sin embargo, solo el 7,2% ha desplegado un canal de venta digital, lo que demuestra todo lo pendiente por hacer aún en estas materias.

En cuanto a nuestras operaciones en el mercado internacional, la totalidad de la cadena logística para comercio exterior requiere digitalizarse, desterrando la documentación física. En el ámbito interno, necesitamos desarrollar diversos canales de distribución online, con exigentes protocolos sanitarios, brindando el soporte a través de programas del Estado que viabilicen a las pymes un mejor aprovechamiento de la tecnología.

Respecto al gobierno electrónico, tenemos 1.675 municipalidades con acceso a Internet y 199 aún en espera de la infraestructura necesaria. Todavía no podemos hacer todos los trámites vía online.

Requerimos acelerar la implementación del gobierno electrónico en todo el país para el servicio al ciudadano, concretar la identidad digital y la billetera móvil, para mejorar los canales de ayuda a la población más necesitada.

Todo lo mencionado causará la adopción masiva de la tecnología, nuevas formas de producción y diferentes comportamientos sociales, para lo cual es necesario mejorar nuestra conectividad, esa “carretera” por donde “transitarán” estos datos. Sobre esta, hagamos un breve repaso.

 

En el 2015, la Universidad del Pacífico estimó en US$27.000 millones el déficit de infraestructura en telecomunicaciones al 2025. Hacen falta 30.000 antenas en el ámbito nacional, solo el 30% de hogares en el ámbito urbano y rural accede a Internet fijo, según la Enaho, con niveles bajísimos en Huancavelica, Pasco, Apurímac, Ayacucho, Cajamarca y Puno. Solo 12.013 colegios públicos de un total de 53.506 en el ámbito nacional tienen acceso a Internet, según el censo educativo del Minedu del 2018, y 6.446 localidades carecen de acceso a servicios de telecomunicaciones. La penetración en el segmento móvil ha avanzado, pero la cobertura también necesita ser ampliada.

Mientras menos acceso a Internet exista, hay más riesgos de incrementar la desigualdad.

¿Qué hacer? Se necesita una visión de sostenibilidad del sector telecomunicaciones. Eliminar todos los sobrecostos que afectan la industria, tales como las tasas Reniec o la pretensión de gravar la provisión satelital, lo cual es un grave error cuando necesitas llegar a todo el territorio nacional, entre otros.

Promover un mayor despliegue de antenas, de fibra óptica e infraestructura de telecomunicaciones en general, especialmente en áreas rurales, eliminando trabas y tramitología ineficiente y con protocolo sanitario.

Esta es la prioridad. Sin antenas suficientes, la geolocalización no es tan exacta, por ejemplo, y sin fibra óptica en un centro de salud o una escuela, los ciudadanos se verán afectados al no contar con el ancho de banda que requieren. Que la fibra llegue a los hogares donde es factible también es impostergable en estos momentos.

Debemos, además, masificar de forma urgente la capacitación en habilidades digitales en todas las áreas y promover el acceso de las personas a las tecnologías de información y comunicación, especialmente en educación.

Igualmente necesario es simplificar y modernizar el marco regulatorio para promover la expansión de la cobertura de servicios, usando todas las herramientas disponibles.

Asimismo, agilizar la concreción del ecosistema digital en alianza con el Estado, sector privado, universidades, academia y los ciudadanos es otra necesidad impostergable.

 

Existen muchas otras alternativas que pueden discutirse. Lo importante es actuar ahora.

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